lunes, 19 de septiembre de 2016


"El arte tiene de especial y de bueno que en él no se puede mentir… Se puede mentir en el amor, en la política, en medicina, puede uno engañar a la gente y hasta al mismo Dios, ha habido casos… Pero en el arte no se puede engañar… Ya ve, a menudo me echan en cara, hasta Tolstói, me lo ha dicho, que escribo sobre bobadas, que no tengo héroes positivos, revolucionarios, Alejandro de Macedonia o siquiera, como en las obras de Leskov, un guardia honesto… ¿Pero dónde encontrarlos? ¡Me encantaría! ¿Pero dónde están? Nuestra vida provinciana, las ciudades sin pavimentar, los pueblos, sumidos en la pobreza, la gente hecha trizas… Todos cuando somos jóvenes piamos felices como gorriones en el estiércol, pero cuando tenemos cuarenta ya somos viejos y empezamos a pensar en la muerte… ¿Nosotros, unos héroes?… Dice usted que ha llorado en mis obras… No es para eso que las he escrito. Lo he hecho para decir a la gente sólo una cosa: “Miraos bien y fijaos en la vida inútil y triste que lleváis”. Lo más importante es que la gente se dé cuenta de esto. Y cuando lo entiendan seguro que construirán otra vida, una vida mejor… Yo no lo veré, pero lo sé, será una vida completamente nueva… ¿Y los que ya lo han entendido? Bien, éstos ya encontrarán el camino sin mí… Bueno, vámonos a dormir, se acerca una tormenta (…)".
Antón Chéjov


miércoles, 20 de julio de 2016

Fragento del capítulo 7 de Rayuela, de Julio Cortázar


“Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja”.

viernes, 1 de julio de 2016

Cuando una melodía llega a lugares dentro de mi alma que no sabía que existían siquiera, arrancándome las lágrimas...

viernes, 24 de junio de 2016

De las hermanas, de Eliseo Diego


Eran tres viejecitas dulcemente locas que vivían en una casita pintada de blanco, al extremo del pueblo. Tenían en la sala un largo tapiz, que no era un tapiz, sino sus fibras esenciales, como si dijésemos el esqueleto del tapiz. Y con sus pulcras tijeras plateadas cortaban de vez en cuando alguno de los hilos, o a lo mejor agregaban uno, rojo o blanco, según les pareciese. El señor Veranes, el médico del pueblo, las visitaba los viernes, tomaba una taza de café con ellas y les recetaba esta loción o la otra. “¿Qué hace mi vieja?” -preguntaba el doctísimo señor Veranes, sonriendo, cuando cualquiera de las tres se levantaba de pronto acercándose, pasito a pasito, al tapiz con las tijeras. “Ay —contestaba una de las otras— , qué ha de hacer, sino que le llegó la hora al pobre Obispo de Valencia”. Porque las tres viejitas tenían la ilusión de que ellas eran las Tres Parcas. Con lo que el doctor Veranes reía gustosamente de tanta inocencia.
Pero un viernes las viejecitas lo atendieron con solicitud extremada. El café era más oloroso que nunca, y para la cabeza le dieron un cojincito bordado. Parecían preocupadas, y no hablaban con la animación de costumbre. A las seis y media una de ellas hizo ademán de levantarse. “No puedo —suspiró recostándose de nuevo. Y, señalando a la mayor, agregó —: Tendrás que ser tú, Ana María.
Y la mayor, mirando tristemente al perplejo señor Veranes, fue suave a la tela, y con las pulcras tijeras cortó un hilo grueso, dorado, bonachón. La cabeza de Veranes cayó enseguida al pecho, como un peso muerto. Después dijeron que las viejecitas, en su locura, habían envenenado el café. Pero se mudaron a otro pueblo antes que empezasen las sospechas y no hubo modo de encontrarlas.

lunes, 20 de junio de 2016


“Nada importaba, solo disfrutar del baile y ser feliz con la música vibrando en mi pecho. Entonces sucedió… fue un instante eterno en el que el tiempo se detuvo cuando vi esos ojos por primera vez. Unos ojos que me miraban fijamente desde el rincón, como si solo nosotros estuviéramos allí. En ese momento pude sentir cómo mi mundo se agrietaba… ya no iba a volver a ser la misma, no después de saber que esos ojos vagaban por ahí…”. PyAC

viernes, 3 de junio de 2016


“Tenemos que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños, hay que seguir soñando hasta abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible, hasta realizarnos y descubrirnos que el paraíso estaba ahí, a la vuelta de todas las esquinas”.

- Julio Cortázar